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Escrito por Desconocido
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¿Es el cielo un lugar? ¿Se halla Dios en un lugar? ¿Donde se encuentra ese lugar llamado cielo? Curiosamente nuestros antepasados situaron el cielo sobre la nubes, como si fuera un piso superior sobre ese plano terrestre que ellos creían era el mundo. Y muchas gentes hoy en día aún sostienen esa creencia ridícula. Pero en realidad no hay nada sobre las nubes, tan sólo el vacío frío y desolador del espacio interplanetario e intersolar, un lugar inhóspito que soporta continuas tormentas de rayos cósmicos biocidas. Por ello los líderes de los modernos credos Nueva Era han concebido un nuevo lugar lejano donde se halla Dios, los ángeles, los seres superiores, la jerarquía galáctica, etc. Han ubicado este nuevo cielo en un confín del universo: una galaxia central, un universo maestro, un planeta divino llamado la Isla Eterna, y cosas parecidas. Sin embargo vuelven a cometer el mismo error de nuestros antepasados de las religiones patriarcales: la ubicación de Dios en un lugar determinado, por muy cósmico que ahora sea siguiendo la terminología de los tiempos.
Una estrella lejana, una galaxia paradisíaca, un universo maestro ... Insisten en situar a Dios o el cielo en un ámbito del espacio. Mas esta reincidente equivocación es característica de todas las religiones machistas o patriarcales. Todas localizan a Dios en otro lugar. Dios es siempre Otro. Por el contrario las desaparecidas religiones originales o genuinas, también denominadas en ocasiones religiones matriarcales, poseían el conocimiento perdido de que lo que llamamos Dios o lo que denominamos Cielo no se hallan en Otro Lugar. Sino que se trata simplemente de Otro Estado.
En las religiones originales (entre las que destaca la perdida religión de la Serpiente) el Universo no es sino lo que podríamos denominar una ILUSIÓN. Y es el velo de esta ilusión lo único que separa lo terrestre de lo divino, lo mundano de lo ultramundado, lo perecedero de lo eterno. Traspasado el velo, disuelta la ilusión, las dos realidades se funden y se hacen Una.
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Escrito por Alejandro Ariza
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La energía denominada Ego, es la que te impulsa a querer ser siempre "el mejor", "ser más rico", "el más poderoso de todos", "el más listo", "el más agradable", "el más bonito físicamente", "el más popular en la clase, o en la oficina, o en la escuela, o en el trabajo", "el más agraciado con tu jefe, con tus familiares, con tus vecinos", "el más honesto y franco", "el más valiente y atrevido", "el más consentido", en fin, el Ego es esa Energía que te hace movilizar la Adrenalina de tus Químicos internos cerebrales, y que por consecuencia, cuando NO LOGRA SER TODO ESO, hace que tu hemisferio cerebral izquierdo sienta envidia, humillación, que han herido "tu amor propio", coraje, deseos de venganza, rencor , etc., y también hace (y casi al mismo tiempo), que el hemisferio derecho cerebral, sienta emociones de sufrimiento, de estrés, de drama emocional, de "soledad", de abandono, de complejos de inferioridad, de dependencia, de orgullo lastimado, de hacer sentir lástima a los demás, vamos, de "hacerse la víctima", para poder recibir pedacitos de cariño de donde provengan... .es en una palabra, la Energía más fuerte que hoy en día nos acompaña desde la mañana hasta la noche, eso es el Ego, una fuerza energética que si lo HACEMOS nuestro amigo, podríamos Realizar Maravillas con nuestros sentimientos y emociones en el diario vivir.
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Escrito por Desconocido
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Los doce Síntomas del Despertar de tu Divinidad
- Dolores y Malestares físicos, especialmente en el cuello, los hombros y la espalda. Estos son resultado de cambios intensos en tu nivel de ADN al despertar la Semilla Crística en tu interior. Esto también pasará.
- Sentimientos de profunda tristeza sin razón aparente. Estás liberando tu pasado (ésta y otras vidas) y esto causa un sentimiento de tristeza. Es similar a la experiencia de cambiarse de una casa en la que has vivido muchos, muchos años, a una nueva. Por mucho que desees cambiarte a la nueva casa, se siente la tristeza de dejar atrás los recuerdos, la energía y las experiencias de la vieja. Esto también pasará.
- Llorar sin razón alguna. Similar a la anterior. Es bueno y es sano dejar que fluyan las lágrimas. Ayuda a liberar la vieja energía interior. Esto también pasará.
- Apartarse de las relaciones familiares. Estás conectado a tu familia biológica vía el viejo karma. Cuando te sales del ciclo karmático, los lazos de antiguas relaciones se liberan. Podría parecer como si estuvieras separándote de tu familia y amigos. Esto también pasará. Después de algún tiempo, tal vez establezcas una nueva relación con ellos, si así es lo adecuado. Sin embargo, la relación estará basada en la nueva energía, sin las ataduras karmáticas.
- Cambios repentinos de trabajo o profesión. Un síntoma muy común. Al cambiar, las cosas que te rodean cambian también. No te preocupes por ahora por encontrar el trabajo o la profesión correctas. Esto pasará también. Estás en medio de una transición y es posible que hagas varios cambios de trabajo antes de establecerte en uno que se ajuste a tu pasión.
- Patrones de sueño desacostumbrados. Es probable que te despiertes muchas noches entre las 2:00 y las 4:00 de la mañana. Hay mucho trabajo en marcha en tu interior y con frecuencia esto hace que te despiertes a tomar un respiro. No te preocupes. Si no puedes volver a dormirte, levántate y haz algo en vez de quedarte
- Sueños intensos. Estos pudieran incluir sueños relacionados con guerras y batallas, persecuciones y monstruos. Literalmente estás liberando la vieja energía interior y estas energías del pasado a menudo están simbolizadas por guerras, huídas y "cocos". Esto también pasará.
Desorientación física. A veces te sentirás desubicado. Como espacialmente cuestionado, con la sensación de que no puedes poner los pies en la tierra o de que andas caminando entre dos mundos. Al transitar la conciencia hacia la nueva energía, a veces tu cuerpo se queda atrás. Pasa más tiempo cerca de la naturaleza para que te ayude a aterrizar la nueva energía en tu interior. Esto también pasará.
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Escrito por Anónimo
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Introducción al Tantra Yoga
El Tantra es un camino espiritual origen del Yoga en Oriente y que como todo yoga lo que intenta es llevarnos a encontrar nuestra verdadera naturaleza, trascender la mente, el ego, el "yo", para expandir nuestra conciencia al Espíritu que realmente somos, encarnado aquí en la Tierra. A diferencia de la mayoría de las vías espirituales, el Tantra no desecha lo "de abajo". El Tantra no pretende ir a ningún cielo fuera de aquí, sino traer el Cielo a la Tierra. El Tantra es la visión unitaria, no dualista por excelencia. Y desde esa visión no dualista, donde todo es lo mismo, donde Dios es todo, donde Dios está arriba y abajo, el Tantra tampoco rechaza o relega la sexualidad como opuesta a lo espiritual. Todo lo contrario, el Tantra utiliza la sexualidad como la poderosa energía sagrada que elevándola nos puede llevar a expandir nuestra consciencia, una vía directa al Espíritu en nosotros. El Tantra considera la sexualidad como una energía primaria que está en todo y en nosotros mismos, en nuestro interior. El Tantra nos enseña a aceptar esa energía y a hacernos maestros de ella, tanto en nuestra relación con nosotros mismos como en la relación de pareja. Podemos considerar pues el Tantra como la vía donde se reconcilian y se unen esas dos polaridades tierra-cielo, espíritu-materia. Considerando esa dualidad que siempre ha existido en la psique humana, podríamos afirmar que el Tantra es la unión de la sexualidad y la espiritualidad.
Guardada y preservada por siglos, hasta que la humanidad estuviese en el momento adecuado, esta visión ancestral del ser humano ha llegado ahora a Occidente, siendo precisamente en Occidente donde está tomando todo su poder. El mundo está ahora preparado y necesita las enseñanzas del Tantra. Unas enseñanzas que vienen a desmitificar y limpiar todo el miedo y todas las consideraciones erróneas y aberrantes que la humanidad a fabricado respecto a sí misma, en especial respecto a la sexualidad y a todo aquello unido a la materia, a la Tierra, a lo femenino. La visión del Tantra reconcilia y reunifica la polaridad femenino-masculina, llevándola a su verdadera dimensión, la danza sagrada que crea el Universo.
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